La muerte es más verosímil que la vida

A Danilo Armijos
(El velorio gasta las caras;
los ojos se nos están muriendo en lo alto como Jesús)
Jorge Luis Borges

Ya la muerte no tiene misterio, hermano.
Es una pobre cosa humana.
Cuando yo era un niño,
eras el hombre más grande que yo hubiera visto.
Ahora también.
¿Por qué decir pérdida donde hubo abundancia?
¿Por qué decir ayer estabas vivo y te habían salido canas en los
ojos?
Ahora crucificamos a la vida como si se hubiese llevado el mar.
Este gran silencio tuyo es una pequeña palabra.
Estamos solos.
Estamos demasiados solos mientras vos acoges
esta pobre cosa humana.
El dolor nos mira a los ojos y es una tribu con sus lanzas.
Vos, hermano, descansas. Haces de esto una parodia,
una ceremonia demasiado límpida.
Por eso te quise.
Por eso te quisimos tanto.
Aunque morir y querer son dos palabras que forman una
gran pregunta.
El que quiera lecciones que las busque en tu vida.
Ahora es tu estremecedor silencio.
Tu maravillosa ausencia que durará miles de años.
Cuando un hombre muere, todos se perfuma de angustia.
Hermano, nos dijimos tantas veces que nos queríamos.
Esa primera bicicleta,
esa confianza al conducir,
esa sangre liviana frente a la monstruosidad del mundo,
esa sonrisa taciturna llena de esperanza,
ese afán de claridad donde solo había nubes.
Te lo debo.
Te debo también la risa y esa manera tuya de decirme flaco.
Flaca la torpeza de la vida.
Flaco el lugar común como la ausencia.
Flaca la desdicha. Pero no tu ternura.
No tu generosa palabra siempre.
Bajo territorio de sombra, ¡qué mal nos has hecho!
Torpe necedad la nuestra de tener esperanza.
Ahora tu rostro es una foto clavada en el pecho.
Ahora tu voz es mi voz acalorada por el espanto.
Yo ya no tengo nada que decirte a ti sino al mundo.
A esta pobre cosa humana que no reconocemos.
Danilo, polvo de oro; no mercurio,
triste desolación tuya.
Te quiere todo un pueblo.
Si pudieras ver esto no lo creerías.
Tus tres nombres navegan entre la multitud.
Mi hijo también ha venido a conocerte. Tiene también algo
de vos.
Todos tenemos algo de vos.
Ayer pasó un ave frente a nosotros.
Cruzó fugaz frente al parabrisas. Casi suicida.
Supe que eras vos.
Hermano, este es el infierno.
Tu dolor siempre fue nuestro.
¡Ah, esta soledad que es la de todos los hombres!
Ocúpate de la noche, de mi noche,
de la noche de todos nosotros como un viento soberano.
No hay nada más allá.
El mar de la carretera termina en este barranco.
Somos una pobre cosa humana que tú ya superaste.
Hermano, mi palabra miente cuando intenta abarcarte.
Mi palabra es la amargura.
Los días serán dos veces días
y las noches un signo que se abre.
¿Qué contestaremos?
Tu alma perdura cuando tu cuerpo es caos.

Santiago Vizcaíno