Prólogo

La idea de reunir algunos poemas de los escritores convocados para la Semana de la Poesía de Univalle surgió de las ganas de dar continuidad y apoyar a las actividades de este grupo de jóvenes, que vienen abriendo espacios para convocar a la palabra -y al caos- en Cali. Entre recortes de revistas, libros artesanales, redes sociales, mucha gestión, mucha lectura y mucha, mucha escritura, este grupo logró convocar a varios poetas regionales, nacionales e internacionales, para compartir talleres, charlas, recitales, comidas, y uno que otro trago. No es poca cosa, sin duda. Motivados por las ganas de poner patas arriba el mundo, de beberse “fondo blanco” el parche poético colombiano, y de poner sobre la mesa los temas que se comentan en voz baja en los eventos de poesía del país, poco a poco van abriéndose un camino propio, empiezan a hacerse escuchar. Son, pues, de la generación de los llamados “nativos digitales”: entre desesperanzados

y blasfemos, articulan su mundo y sus relaciones, sus lecturas y sus emociones, en buena medida a través de internet. Buena parte de las amistades y redes culturales que han venido tejiendo, se han gestado en la virtualidad. Aprovechan, con mucha más facilidad que los nacidos apenas un lustro o una década atrás, la súper abundancia de blogs, libros virtuales, y publicaciones digitales, logrando un buen conocimiento de lo que sus contemporáneos escriben. Y es por esto que hemos decidido proponer la antología como un libro virtual. La poesía, necesariamente, ha de adaptarse -como una especie en evolución- a los cambios de su medio ambiente, y ha de competir con otros por su presa: los lectores. Proponemos entonces un libro digital de poesía, que se pueda leer después de ver un video en Youtube, o que se abra desde un link en Facebook. Que se pueda leer en un celular, en una tableta, que se pueda tuitear. Que en vez de ilustraciones tenga animaciones o GIFs. Es nuestra intención poner a la poesía a interactuar con otro tipo de medios, y abandonar la cómoda -pero anodina- crítica a los nuevos medios de comunicación como si fueran enemigos por naturaleza de la lectura. Si bien la mayoría de los autores pertenecen a la generación de “los 90”, la antología que sigue a estas páginas está compuesta por muy distintas búsquedas, y aparecen también algunos escritores “menos jóvenes”, que también fueron participantes de la Semana de la Poesía. El tono de varios de los escritores es desenfadado, alejándose de lo lírico, con voces delirantes o que buscan la dicción popular.

II

En el caso de los poetas que hacen -o hicieron- parte del colectivo “La Silla Renca” -José Rengifo, Sergio Muñoz y Damián Salguero-, es difícil desvincular su escritura de la “puesta en escena” que realizan en los recitales a los que son convocados. Con una desfachatez que raya en el descaro, estos poetas se saltan todas las convenciones que se dan por entendidas en este tipo de eventos: llegan con una botella en la mano, ofrecen sus libros artesanales a “2 lucas”, echan chistes, se saltan las indicaciones de quien los presenta al público, y otras lindezas por el estilo. Su escritura, tal vez con menos potencia que su “performance”, también busca romper algunos paradigmas, y algunos de sus poemas, en mi opinión, lo logran: véase Un personaje de Rengifo, por ejemplo.


La voz de Salguero parece recorrer las infinidades de la experiencia mística y/o de una furiosa sicodelia, llevándonos por rincones del lenguaje y de la conciencia donde la locura y la apariencia de sabiduría se hacen imagen o delirio.


Muñoz, por su lado, juega con las combinaciones de lo metalingüístico con lo carnavalesco, en poemas que pueden hacer alusión a la crítica literaria o a la tradición de la lírica española, al mismo tiempo que presenta episodios banales y jocosos.


Entre la ternura y la demencia parecen dar tumbos lúcidos los versos de Daniela Prado, cruzados de violencia y de añoranzas postpunk. Poemas que muestran que la delicadeza es posible incluso en medio de la tormenta, que siempre al borde del desastre existe algo parecido al amor o a la esperanza: que, después de la destrucción, de las heridas puede manar un agua nueva.


También jugando con un extraño binarismo encontramos los poemas de Alejandra Lerma. Tranquila investigadora de la muerte y los fantasmas, sus poemas nos devuelven a la vida un poco tristes, pero más valientes. Su voz es prosaica y directa, poco juega con el lenguaje, sus emociones son reposadas aunque tienen filo. Su sencillez nos devuelve imágenes de una sensibilidad que siempre es capaz de reconocerse humana, y de superar sus propias trampas.


Con una búsqueda intensa de los paraísos perdidos, buscando los rastros que aquellos lugares nos dejaron en los cuerpos que gozan y mueren, David Márquez rescata en sus escritos el derecho a la ingenuidad, a la extrañeza frente a un mundo degradado que nos invita a refugiarnos en la utopía.


Juan Restrepo, el más joven poeta de la antología, mezcla en sus versos reflexiones más o menos existenciales con voces y tonos coloquiales. El pensamiento se hila a través de expresiones de barrio, dando la impresión de que el poeta dialoga con nosotros sentado en un andén, tal vez fumando un cigarro o tomando una cerveza, tratando de descifrar el mundo.


Eso por el lado de los poetas jóvenes.


La antología también incluye a cuatro poetas “no tan jóvenes”, como lo son Angélica Hoyos, Santiago Vizcaíno -de Ecuador-, Federico Díaz-Granados y quien escribe estas líneas, Juan Camilo Lee Penagos.


En los versos de Díaz-Granados se encuentran reflexiones sobre la memoria y el pasado, siempre a través de un lenguaje sencillo, más o menos prosaico, con pocas figuras literarias que trasmiten cierta nostalgia o melancolía.


Una estética callejera y bohemia, emparejada con un lenguaje que busca al mismo tiempo ser directo y sorprender con la descripción de emociones complejas y decadentes, es la propuesta de Vizcaíno.


Hoyos crea mundos paralelos, bellísimos y etéreos, ya sea para rememorar a un ser querido, para describir un lugar cotidiano o para celebrar el amor de los cuerpos. Ensueños construidos con delicadas arquitecturas de palabras.


Los de Lee Penagos ya tendrá tiempo el lector de conocerlos.

III

Cabe aclarar que quien escribe estas líneas fue quien debió escoger, sin más criterio que el gusto del momento, los poemas que aparecen en el libro. Cada escritor envió un conjunto de poemas de donde escogí algunos. Los de mi autoría fueron elegidos por Alejandra Lerma.


Los collages y GIFs fueron realizados por el Grupo Editorial Chochal, cuyos miembros compartieron con los poetas varias de las actividades de la Semana de la Poesía. Un especial agradecimiento a todos ellos.

Juan Camilo Lee