Burucúa

Es curioso, pero los mismos dispositivos electrónicos
que sabotean, a veces,
al fallar, su charla
sobre viejas pinturas,
son quienes lo dignifican

súbitamente:

frente
al hálito de colores que despide el video beam y que
proyecta
sobre la pared un cuadro de Brueghel,
el profesor se detiene,
continúa conversando sobre una fotografía
secreta de Videla,
y, sin darse cuenta,
las formas y tonalidades del cuadro de Brueghel
proyectadas, no ya sobre la pared,
sino sobre su cuerpo,
lo cubren por completo,
se mueven sobre él como reflejos acuáticos,
y durante unos segundos
su cuerpo cubierto por imágenes

es símbolo,

alegoría de su conocimiento
y su aura.
Se llama Burucúa
y pocas personas
sabrán sobre arte tanto como él,
o por lo menos
eso nos parece a los que asistimos a su clase Atribuciones.

Juan Camilo Lee