Body surfing

Los jóvenes peruanos,
atractivos, bronceados,
-casi personajes
de alguna literatura de tema homosexual
compuesta por un viejode
pecho inflado como la vela de una pequeña embarcación,
estaban en fila, balanceándose, formados

uno al lado del otro

en una paralela a la línea de la costa,
con el agua algo más arriba de la cintura,
las palmas de las manos extendidas en frente
apenas rozando la superficie del océano.

Nadie se había puesto de acuerdo con nadie.

Subían y bajaban con los pequeños cambios de la marea
esperando la ola ideal
para que los impulsara un poco al nadar,
y luego, satisfechos y triunfantes

de utilizar para un fin
tan egoísta

el poderío de Neptuno, volvían al lugar donde iniciaron:

Body Surfing

llaman a esta práctica.

Se mecían como espigas en un campo.
Eran un rebaño, una aglomeración de corazones de la tierra

tan inconsciente de sí misma que la luz roja del atardecer

se mezclaba con ellos

como el tinte del té

en el agua recién hervida.

Juan Camilo Lee