De Ardes

I

Ardes, es verdad, pero también es verdad que amanece siempre en todos los rincones del planeta aunque aquí sean las dos de la tarde o las dos de la mañana. También es verdad, ardemos, a pesar del frío, y de los recuerdos que se quedan atrapados en alguna orilla infantil. Arderás, porque es inevitable caer a la tierra y ser parte de los rayos del sol, porque la sombra nunca es negación sino una extraña extensión de las estrellas que no comprendemos todavía porque tenemos pereza, porque nos gusta repetirnos lo mismo siempre aunque el paraje al que lleguemos no sea más que un nido de ratas y mirlos malformados por mares que siempre inventas para nombrar las montañas, ardiste en un verbo, reiteras siempre con algún adjetivo que no conoce el cansancio que tú conoces al estar más cerca de aquí que de allá.

Un poema siempre me mira para inventarse y seguir viviendo, porque teme dejar de ser, por eso recurre siempre a mí, para que haga una metáfora de níquel, balas radioactivas, animales de plomo, todo muy terreno porque mis poemas que son aire le temen a los ríos, mis poemas no quieren ser agua, no quieren morir cuando deje de escribirlos y los borre, porque tarde o temprano serán borrados de la memoria. Arderá mi poema porque tengo frío, necesito que ardan, necesito que cada artículo, cada frase sea otra vez una hoguera para que mis amigos se calienten y olviden la vida, y recuerden la noche, y no me dejen con este amanecer terrestre en un horizonte de eventos. En particular, hoy está, como siempre, mi poema, con todos sus huesos alejándose de los mares. Poema, no me queda tiempo para verte arder, porque el poema arde con un fuego que dura siglos, no viviré siglos, pero viviré en el ignis noster de los artistas nunca nombrados, de la quebrada memoria de las calles que recorrí, de los grafitis anónimos que son mejores poemas, rápidos, contundentes, son cuchillos invisibles que te quedan por dentro. Anyway, por eso supongo que los poemas siguen ardiendo, extrañando las palabras primeras de la humanidad, porque cada poema nos mira desde el tiempo, para el nuevo tiempo y nos construye en la medida que todo lo demás cae, poema, dirime tú, Pablo, he visto imperios caer, y te creeré, he tumbado imperios, he asesinado millones de hombres, y sigo y caigo y reconstruyo, y derribo la deriva de todos los ritmos humanos, no soy poema de tonalidades, pero mis voces, arden.

Tu voz poema canta: cultu vacuam. Declino, porque toda palabra que hoy me llega es un proceso histórico, mi poema es un proceso histórico, incluso este grito no es más que eso, la sangre de guerras de otras lenguas que no conocí, que nunca pertenecerán a mi genética, pero esa es la paradoja del tiempo: todo es nuestro, incluso las caras tristes detrás de los semáforos, las guerras cotidianas, los miedos ancestrales, las múltiples enumeraciones de la retórica básica de este poema que es espejo de espejos temporales. Me quedan las manos libres – dices, sostienes la mirada con la mía- de una u otra manera me humanizas cuando miro el techo y estas ahí, querido poema, siendo la carga de mis manos libres, de las serenas tormentas, de la magia monótona de los lugares comunes que bien conozco pero a los cuales siempre regreso, porque me siento seguro. Palabra a palabra tejo mi memoria para arder junto a mis miedos. Palabra a palabra interrumpo el pensamiento.

II

En un inicio el universo es un punto de fuga que deviene en una vocal para volver a su punto de inicio. El universo en su movimiento centrifugado (si es que el movimiento puede definirse a escalas tan grandes) rompe todo silencio para transformarlo en vocal. Ese es el asunto. Carezco de conocimiento y ha de ser por eso que no he logrado construir nada solido todavía. Anoto en mi poema el poema que quisiera para arrastrar mis siglos subterráneos, no sentirme solo en la luz absoluta que habita dentro de todas las cosas materiales, no sentirme múltiple en la unidad de la luz, no sentir el aleteo de las burbujas en torno a las lecturas de grandes hombres, no imaginar la polilla resinificando las historias interoficiales del mundo personal de los poetas no leídos.

Tengo esa obsesión a flor de piel, los poetas no leídos, la historia que quedó a medias porque no hubo forma de acabar, la historia nunca acaba me dicen, pero es verdad? La historia siempre se renueva en la medida del silencio, si hay silencio hay historia, en medio del bullicio esta la historia, está el poema que no deja escribir la historia porque el poema arde.

III

Plano de dos dimensiones, te digo, el corazón del hombre es el universo. Es por eso que cuando miramos el cielo nos arde todo por dentro. Nuestro estomago es el sol, o mejor, es el poema que el sol escribe para calcinar los cuerpos astrales. El poema arde, pero yo estoy frío, me lo dices cuando miras arder el agua de las ollas, cuando preparo la cena y me siento feliz por pensar que los poemas son más que signos arbitrarios, y dices, está buena la comida, hablamos de la situación política del mundo, de mi inminente ceguera. Seguro, me digo Borges era un Pablo en medio del desierto, pero tacho esa frase, ese verso que nunca escribiré.

V

En la orilla distorsionada de un ejército de desiertos estoy yo, dentro de un ave, midiendo mi ceguera con las curvas que producen los ojos negros de los mirlos. El sol, de nuevo como un órgano inerte, los músculos llanos el sol, cae sobre la pupila del mirlo creando las curvas del polvo. Mis ojos, negros, grises sin colores, lejano ya de toda sensación cromática, esperan el toque de las aguas de las piedras para re hacer la metáfora del hombre que pierde la fe y la recupera gracias al azar, que es el dios cristiano al que tanto tememos. Dios es el azar, no hay otra explicación para entender el mundo, el azar es la tensión de los cuerpos de la incertidumbre, en básicas palabras, no basta definir un concepto de este tamaño, es innecesario, porque con la explosión sinestesia encontramos un rasgo de las futuras tensiones. Me cansa la palabra, quisiera la inactividad, pero es imposible, fíjate bien en esto, me contradigo, quiero que mis ojos ciegos miren el claro pasado y ver los colores del tiempo, ampliar la gama de sensaciones táctiles, pero algo sucede, es la reflexión de la luz en el ojo de los desiertos, o a lo mejor, he logrado detenerme un instante, aquí sentando sobre el vientre del cielo, tratando de escuchar el azul que no es mi azul.

Damián Salguero